sábado, 29 de mayo de 2010

Los derechos retorcidos

Por Manuel Vázquez Portal

Miguelito ya debía estar libre. Andar por Quivicán abrazado de Sofía del Carmen y sus dos hijos, a quienes tantos abrazos les debe de estos siete años.
Pero las leyes en Cuba tienen un espíritu diabólico y una letra que se tuerce según el deseo de aquellos que la imponen.
A José Miguel Martínez Hernández lo condenaron a 13 años de cárcel por fundar una biblioteca independiente en su pueblo natal y ser gestor del Proyecto Varela del Movimiento Cristiano Liberación.
En marzo de 2003 la policía política cubana orquestó un enorme operativo militar alrededor de su casa, revolcó todos los rincones de la privacidad familiar y arrestó a Miguelito delante de los ojos espantados de sus hijos.
Lo conocí en la Habana Vieja. Lo recuerdo gentil y sonriente. Dentro de su enorme corpachón parecía un niño cándido con ansias de aprender....
No puedo olvidar ese día. Éramos libres y soñábamos con ayudar a los demás a serlo.
Traía un libro mío en su cartera y quería que yo se lo dedicara para su biblioteca independiente. Pujé mi mejor caligrafía y se lo devolví firmado. El sonrió y lo guardó otra vez como si fuera un tesoro.
El libro se perdió. Lo confiscó la policía política y debe haberlo incinerado.
Unos meses después volvimos a vernos. Y éramos más libres aún. Aunque ambos caminábamos esposados por un pasillo del cuartel general de la policía política cubana podíamos mirarnos a los ojos sin vergüenza y saber que quienes nos encarcelaban eran quienes debían avergonzarse.
Desde entonces han pasado siete años. Según las leyes cubanas Miguelito, quien ya cumplió más de la mitad de su condena, debía estar libre. Andar por Quivicán abrazado de Sofía del Carmen y sus dos hijos, a quienes tantos abrazos les debe, pero el derecho en Cuba es retorcido y no le ha brindado ese beneficio aún cuando no debía haber estado preso ni un solo día.